¿Cómo y cuándo empezó usted a cantar?
Las primeras décimas que conocí me fueron presentadas por un profesor Música de la Escuela Hellen Keller, donde yo estudiaba: fueron las Décimas de Pedro Urdemales. En esa ocasión, sólo conocí las décimas, pero sin mayor contexto…Posteriormente, cuando ya estaba en la Universidad y me correspondió elegir una formación electiva, complementaria a mi instrumento principal, (guitarra) conocí el guitarrón chileno y el canto a lo poeta. Yo inicialmente prefería mandolina, y en segundo lugar guitarra traspuesta. Y por asuntos bien concretos como horarios y otros, no pude acceder a ninguna de esas cátedras. Y allí ocurrió lo impensado: conocí el guitarrón chileno y me enamoré de su sonido. En aquel entonces, yo estaba en una crisis existencial con relación a mi manera de percibir a Dios y de entender la fe.
Cuando yo era niña, una persona adulta me dijo: “Si tu no crees en Dios, y no te comportas como es debido, Dios va a raptar a tu mamá “. Fue una declaración muy desafortunada, y yo como niña, decidí que NO iba a creer en un Dios que podía hacer algo tan doloroso para mí, como raptar a mi mamá. Mucho después, ya adulta, entendí que esa persona actuó dese su ignorancia y desde su incapacidad de transmitir el mensaje de la Fe. Y conocer y aprender el guitarrón chileno y el canto a lo divino, me ayudó mucho a transitar esa crisis de fe. Como yo soy bien estructurada e incluso un poco tajante, siempre pensé: “Si voy a cantar sin fé, mejor no canto” … Y así, llegué a entender que Dios no es un dios castigador…Por el contrario, es un Padre, es un amigo que siempre quiere lo mejor para cada uno de nosotros.
¿Cómo continuó su aprendizaje y su desarrollo como cantora?
Comencé a asistir a vigilias. Recuerdo que mi primera vigilia fue a en la Iglesia de Los Marcos, cerca de Codegua… Me gustó que hubiera un orden, que todos cantaban por el mismo fundado, y que se alterna el rol de tocador (de instrumento). Pienso que esta dinámica es amigable para quienes están empezando. Mi Maestro, el Profe Francisco, me decía: “Es bueno aprender con una escuela (sin dispersarse). Así, sientas bases sólidas de tu aprendizaje, y después, ya con criterio formado, puedes conocer otras escuelas y otras tradiciones.” Así lo hice. Aprendí con él y luego conocí a otros cantores, otros lugares. Yo amo el canto, y me duele ver que existen algunas personas que lo enseñan sin cuidar sus raíces. En ocasiones, me parece que algunos talleristas están privilegiando la cantidad a la calidad.
Actualmente, yo entiendo y acepto que a veces se nos puede olvidar una palabra o una línea … Los cantores de antaño, solían ser analfabetos. Entonces, la única manera que tenían de cantar era memorizando. Hoy en día, tenemos tanta información en la cabeza y tantos estímulos ambientales, que, a veces podemos olvidar …Pero lo que no acepto es llegar a cantar sin prepararse, sin estudiar.
En una ocasión, llegué a cantar a una vigilia por Cruz de mayo… llevaba un verso memorizado. Llegué un poco tarde. Cuando me integré a la rueda, me di cuenta de que un cantor estaba cantando el mismo verso que yo había preparado. Entonces, para mí fue bien simple: no canté. Participé escuchando. Y me quedé bien tranquila … porque repetir el verso no se puede. y “cantar al revés” -como algunos sugieren-, tampoco.
Por eso recuerdo la décima que aprendí del profe Pancho:
El que nace pa’ cantor
y quiere ser afamado,
debe tener buen cuidado,
y estudiar más y mejor.
Encomendarse al Señor
y saber muy bien vivir…
Nunca tratar de afligir
a otro humilde cristiano.
Y con guitarrón en mano,
cantando me hey de morir.
A mi entender, esa décima refleja todo lo que debemos saber y aplicar.
Actualmente, viajo esporádicamente a Santiago. Mi último canto por allá fue en un canto que organizó Francisco Lazo, en diciembre de 2024. Desde que murió el Profe Francisco, me ha costado aprender nuevos versos. Él me ayudaba con grabaciones. Yo escuchaba y memorizaba. Ahora estoy tratando de escribir.
El Profe Francisco tuvo varios discípulos. Algunos seguían totalmente todo lo que él decía. Por mi parte, yo suelo ser un tanto cuestionadora. Por ejemplo: no me atraía la idea e ir a cantar a lugares grandes, siento que se pierde la intimidad de la alabanza. Y pienso que los cantores debemos asistir con una doble disposición: para cantar y también para escuchar.
¿Cuéntenos sobre su guitarrón?
Yo aprendí con guitarrón prestado…Y luego de un tiempo ya tuve la necesidad de tener un instrumento propio.
Mi guitarrón -que se llama Ángel Gabriel- nació de manos del luthier Antonio Zurita. Y digo “nació” porque-literalmente- fue un parto. Era el primer guitarrón que él hacía, entonces, se demoró harto. Exactamente 9 meses. Quise ponerle mi sello, y por eso incluimos en el diseño, una paloma, que representa al Espíritu Santo. Los puñales también son diferentes al diseño habitual. Son más alargados y suaves y representan el Canto a lo Humano o el duelo de payadores. El nombre que elegí para mi guitarrón representa mi conexión con la Virgen María y el instante de la Anunciación. Y fue bautizado o bendecido por el padre Hugo Yáñez, sacerdote diocesano.
¿Cuéntenos de algún proyecto donde haya usted participado como cantora a lo divino?
Cuando me correspondió hacer mi memoria de título, elegí el tema: “Metodología de distintos Modelos Pedagógicos, para enseñar Canto a lo poeta en el aula de clases”. Dentro de los modelos, incluí: conductismo, constructivismo y modelo romántico. Construí una planificación bien estructurada, con objetivos generales, específicos y actividades. Así, si alguien toma ese documento, puede llevar esa enseñanza al aula. Mi proyecto se desarrolló en Escuela Atalicio Aguilar, ubicada en San Pedro de Melipilla. Yo apliqué toda mi formación docente como profesora, y destacados cantores participaron con su experiencia de Canto a lo Divino. Trabajé con Cristián Mardones, Domingo Pontigo, Alex Aguilar y Juan Pérez I. Fue una hermosa experiencia. Recuerdo especialmente, la buena coordinación que hubo en el trabajo con Juan Pérez I. Nos afiatamos super bien como dupla docente, se generó una simbiosis casi perfecta. Y lo más importante: los niños aprendieron y disfrutaron del canto.
¿Cómo ve usted el proceso de enseñanza del canto, actualmente y qué espera para el futuro?
Espero que quienes estén aprendiendo, por sobre todo, amen el canto y respeten sus raíces. A veces, puede percibirse como un canto muy “reglado”. En mi opinión, esas reglas, no son obstáculos sino desafíos… Entonces, espero que maestros y aprendices estén en la misma sintonía.